AGENCIAS >EXCELLENT / Psicóloga Melissa González

Qué pasa cuando todos los sonidos del mundo se apagan, se hace de noche y al cerrar los ojos, no hay nada más que nosotros mismos. Cuando el murmullo se extingue tras la puerta e incluso el vecino calla.

Qué pasa cuando no hay más opción que el sentarte a tomar el café solamente contigo. 

¿Por qué nos aterroriza quedarnos únicamente con el sonido de nuestra voz? 

¿Por qué buscamos llenar constantemente el vacío que deja la ausencia del ruido mundano?

¿Para qué negamos la belleza de la soledad?

Quizás porque nada da más espanto que escuchar lo que nuestra consciencia tiene que decir con respecto a nuestras propias vidas, pero sobre todo lo que sinceramente siente al estar en un aislamiento repentino sobre el que no tenemos ningún control o poder. Refleja entonces nuestra vulnerabilidad frente al destino, y frente a lo que somos; seres que al aprender cómo vivir en sociedad para sobrevivir; olvidamos cómo hacerlo cuando estamos solos.

Al preguntar cuáles son los pensamientos y pesares durante esta cuarentena, la generalidad presenta; aun mayor que el temor a los efectos de la enfermedad, las repercusiones a un nivel económico, social, pero sobre todo personal. La pregunta, ¿ahora quién soy sino estoy con ellos? O ¿ahora quiénes somos cuando solo puedo estar con ellos? Esos días de mayor temor en que el mundo quedó en silencio por el aislamiento, y tanto el que residía solo o con alguien más, ya no sabía para qué dormir o para qué despertar. Los días aún son eternos, y lo que fueron casi tres meses, se han vivido como tres años, pero esa es la relatividad del tiempo, cuya percepción dependerá de lo que hemos hecho o pensado durante esas horas tanto diurnas como nocturnas, pero hablemos ahora sobre la otra voz, la que reside en nuestra cabeza, pero que parece controlar las manos, los pies, los dedos y el apretón en el pecho y en el estómago, que tanto hablan de la angustia y la desesperación. La desesperación de estar a solas con ella o él. De que nos hable y nos enseñe los temores que hemos guardado desde la primera vez que tuvimos conciencia, de cuanto extrañamos a los que se han ido y a los que se irán sin despedirse, pero sobre todo, de cuanto nos extrañamos a nosotros mismos, aunque vivamos toda la vida en esos cuerpos.

Estas son probablemente, una de las principales razones por las que la cuarentena ha cobrado su mayor coste en el aspecto emocional. Personas que siempre habían sonreído, hoy no pueden dormir, mientras las que no podían dormir, hoy les cuesta amanecer. Creer que nunca acabará, que nada podría ser similar a la existencia anterior, y la incertidumbre económica, pero sobre todo, el creer que la vida se nos va, cuando debemos entender que es solo una pausa, y como cualquier pausa; debemos acogerla para respirar y seguir andando. 

Se nos ha otorgado aun sin comprenderla y aborreciéndola en ocasiones, una oportunidad de detenernos en la carrera de la vida, de las exigencias sociales y monetarias en algunos casos, de sentarnos a solas o únicamente con nuestra familia y preguntarnos, ¿qué soy en esta vida? Y ¿quién quiero ser? Y a partir de ese instante debemos formar un plan flexible, que motive al resto de los días de la cuarentena, pero también de nuestras vidas. A las líneas pesimistas y asfixiantes que aquella voz nos dicta, debemos refutarlas con la realidad, un debate dentro de nuestros pensamientos es el mejor camino para la supervivencia a la soledad, pero sobre todo debemos recordar, que aquella voz no es ajena, es nuestra y aun si no podemos tener el control de una pandemia; si lo tenemos sobre esa voz, porque únicamente en nuestra consciencia; somos realmente libres y es en el impulso de libertad del ser humano que logramos vencernos y conquistarnos a nosotros mismos, pues nada es más bello que ser libre de la angustia, y que finalmente podamos abrazar la soledad como un método de encontrar la individualización, y con ello, realmente aprender a vivir y no solo existir, en un mundo social. 

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